Donde el tiempo se detiene: Hoi An (vía Da Nang)

Acabamos de empezar y ya en la segunda parada, el paisaje cambia radicalmente. Hoi An no puede ser más diferente de Ho Chi Minh. Donde había motos, ahora hay farolillos. Donde antes había locales, ahora hay turistas. Donde antes había grandes calles asfaltadas, ahora hay más caminos de tierra.

Es algo previsible, lo sé, pero Hoi An es una ciudad preciosa. Todos lo dicen, no es una opinión muy original, pero es fácil quedarse prendado de un sitio así. En mi cabeza, siendo totalmente honesta (y sabiendo que es una idea… arcaica, lo sé), es lo que esperaba de todo Vietnam. Sé que no debería ir con esa idea, pero parte del encanto de este país, antes de pisarlo, era eso. Encontrarme con avenidas más pequeñas, ciudades alrededor de un río, mercados nocturnos al aire libre con farolillos iluminándolo todo. Una vez allí, me di cuenta que encontraba más encantador otras cosas, pero Hoi An cumplió con mi estereotipo. Además que, de todo lo que vi, fue la única que lo hizo, curiosamente. Todas las demás, consiguieron que mis ideas preconcebidas saltaran por los aires.

Tras unos días en Ho Chi Minh, cogí un vuelo a Da Nang y allí solicité un coche privado para que me recogiera en el aeropuerto y me llevara a mi siguiente parada (a través de la compañía Danang Private Car). ¿Por qué estos caprichos? Pues por un problema de días y horarios. No me daba tiempo a pasar por Da Nang y acercarme a hacer algunas excursiones desde allí (las dos más famosas son la de El Puente Dorado, el de las dos manos; y las Montañas de Mármol). Quería aprovechar Hoi An, por lo que, tuve que meter algo entre una ciudad y otra. La única opción que conseguí fue un coche privado que podía pararme en las Montañas de Mármol durante una hora. Luego seguía mi camino a Hoi An. El precio es elevado para ser Vietnam (unos 20€ al cambio, 525.000VND), pero estaba ahorrándome una excursión, tiempo y varios autobuses hasta llegar a mis dos destinos. Sopesé y consideré que salía ganando. Tengamos en cuenta también que a estas alturas del viaje (sí, día 4 de 18), yo ya me había comprado medio Vietnam en souvenirs. Vamos, no me compré a una vietnamita por decoro, pero me faltó poco. Iba cargadísima… error de novata, también lo sé, pero todo es tan bonito y “comprable”.

NOTA: descarté El Puente Dorado, que me moría de ganas de ver, porque el trayecto lleva más horas, está dentro de un parque temático/de atracciones donde hay que pagar una entrada mucho más cara y cualquier excursión hasta allí requería un mínimo de 5-6 horas, tiempo que yo no tenía.

Las Montañas de Mármol

Estas montañas con nombre tan poético están formadas por 5 montes con los nombres de los cinco elementos: Thuy Son (agua), Hoa Son (fuego), Kim Son (metal), Moc Son (madera) y Tho Son (tierra). La leyenda dice que un día, a un pescador que estaba en las costas del Mar de China se le apareció un dragón que venía a dejar un huevo. Más tarde, de las aguas, surgió el dios Kim Quy en forma de tortuga dorada y le encomendó la misión de proteger el huevo del dragón. El pescador lo enterró hasta que se rompió en cinco trozos, los cinco montes.

En Thuy Son, la montaña más grande, hay pagodas, cuevas y miradores. Después de subir su famosa escalera con 156 escalones (hay opción de ascensor por 15.000VND más), te da la bienvenida un buda gigante custodiado por dos dragones. Todo forma parte de la Pagoda Ling Ung, así como una torre de siete pisos y 15 metros de altura llamada la Torre Xa Loi.

Ahí cerca tenéis la cueva Tang Chong, la cueva Hoa Ngiehm con la diosa de la Misericordia, un buda femenino muy popular en Vietnam. Sigue caminando y déjate llevar por el misticismo de la cueva Huyen Khong, con cuatro guerreros vigilando tus pasos. Como curiosidad, esta cueva sirvió de hospital al Viet Cong en 1968. A la derecha hay una placa que conmemora a los héroes vietnamitas fallecidos en ese lugar.

Te podría seguir diciendo nombres vietnamitas de todas las cuevas y pagodas que hay, pero sinceramente, en esta montaña es mejor perderse (y así también evitamos que pueda meter la pata con algún nombre, porque, así como que muy intuitivo, el vietnamita no es). Todos los rincones, todas las cuevas, incluso la más húmeda, tiene un secreto que contar o una pequeña figura. Puedes seguir varios caminos y aparecerás en sitios distintos. Dado mi gran sentido de la ubicación y que solo tenía una hora, me mantuve por el camino pautado, solo saliéndome para ir por unas escaleras con un cartel que decía “Las puertas del cielo”. Ese nombre me cameló y allá que me fui. Tras casi infartar subiendo esos escalones con esa humedad, llegué a unos miradores preciosos. Entendí en nombre en cuanto llegué arriba. Si la humedad no ha acabado contigo a mitad de escalera, llegas a un mirador muy alto donde ves el Mar de China y… el cielo.

Pero sí, tened siempre en cuenta que cuando visitáis estos sitios, la humedad añade peso a todo. A mí, además, me añade rizos al pelo, pero vamos, en general, se hace difícil caminar, acceder a cuevas y subir peldaños. Las piedras están resbaladizas y tienes que ir con mucho cuidado.

Aunque fue poco tiempo y fue difícil en algunos momentos, valió la pena. Es un sitio con un aire distinto, se respira magia allí. Sobramos la mitad de los turistas, pero bueno, depende de a qué hora vayas, puedes tener suerte y disfrutarlo sin hacer cola para entrar en algunas cuevas.

La entrada cuesta 55.000VND (2.14€).

Hoi An

Es una pequeña ciudad en la costa del mar de la China Meridional, en Vietnam Central. Excavaciones arqueológicas recientes la sitúan hace 2 200 años.

En el siglo I, la ciudad tenía el mayor puerto del sureste asiático y era conocida como Lam Ap Pho (Ciudad de Champa). Este antiguo puerto fue un importante punto comercial durante los siglos XVI y XVII, al que llegaron chinos, japoneses e indios asentándose en ella.

Más adelante, a ella llegaron filipinos, indonesios, tailandeses y europeos. Franceses y españoles conocían esta población como Faifo, así como para portugueses, italianos y holandeses el vocablo era similar. Se cree que puede provenir de “Hai-pho”, “ciudad costera” o de acortar “Hoi An-pho” -“la ciudad de Hoi An”-, y ser “Hai-pho”. Su estratégica situación junto al río Thu Bon la convirtió en un punto importante de la famosa Ruta de la Seda.

En 1999 la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Sorprendentemente, Hoi An no fue afectada por la guerra y sus calles y edificios se mantienen intactos, cosa que no pueden decir sus ciudades vecinas Da Nang y Hué.

Qué vi

Antes de nada, antes de ni siquiera imaginar que puedas entrar a visitar algo, tendrás que adquirir un bono con cinco entradas en algunas de las casetas del casco antiguo. De entre todos los edificios que tiene la ciudad, eliges los que quieres visitar y cada vez que entres, te rompen un trocito de la entrada, hasta llegar a los cinco. El bono cuesta 120.000VND (4.68€). Si quieres visitar más, compras otro bono. Hazlo lo primero, porque por instinto, intentas entrar en todos lados para coger la entrada ahí mismo y no puedes. Así que te quedas ahí estirando el cuello intentando ver algo y te frustras. Real.

Puente Cubierto Japonés. Este puente data del siglo XVI y fue construido por los japoneses para establecer relaciones comerciales con las comunidades chinas que vivían al otro lado. Los franceses alisaron su suelo para permitir el paso de vehículos a motor, pero actualmente está como el original.

Verás que el puente tiene esculturas de dos perros y de dos monos. Algunos dicen que es porque se empezó a construir en el año del perro y se acabó en el año del mono. Otros dicen que es para proteger el puente porque muchos emperadores japoneses nacieron en el año del perro o del mono, lo que les dio un significado sagrado.

cof

Las casas antiguas. Hay muchas en las que perderse. En algunos blogs de viajes destacaban la de Phung Hung. Yo entré en varias porque me fascinaron todas y en  cada una de ellas había algo. La de Tan Ky quizá fue la que más me gustó. Por esta casa han pasado más de siete generaciones…

La pagoda Chuc Thanh. Es la pagoda budista más antigua de la ciudad. Fue fundada por un monje chino en 1454. Me impactó todo de este sitio. No está en el centro, con lo que es más silencioso. No había nadie. Me quedé sola recorriendo el puente, los monumentos y caminando en los jardines, donde están enterrados varios monjes muy distinguidos.

Mercado nocturno. Comida, farolillos, pendientes, juegos de té… la ciudad se ilumina cuando llega la noche y te permite disfrutar de este mercadillo que atraviesa una de las calles principales de Hoi An, cerca del río. Visita imprescindible.

Trajes a medida de seda. Además de viajera, a veces soy turista. No me pude resistir a elegir una tela para hacerme un kimono. Soy débil. O la tela era demasiado bonita. No sé qué fue antes, pero el caso es que lo hice. Y adoro mi kimono, la verdad… NOTA: no valores mis pintas en la foto. Iba a quedar como una foto para mi familia limitada a mis padres y hermana y bajo juramento de no enseñársela a nadie, pero quiero que admiréis mi kimono bonito (y no tengo ninguna más).

cof

Acercarte a sus playas. Yo fui caminando a An Bang. Más de una hora, pero yo no sé montar en bicicleta. Quien sepa, será feliz en Vietnam. Yo, a falta de arte para llevarla y con miedo a coger una moto, fui caminando a todo lo que pude. Por el camino me encontré estampas 100% vietnamitas. De esos estereotipos de los que hablaba antes… pues esos.

Atardecer en el río Thu Bon. Es un espectáculo ver ese momento de caída del sol donde los farolillos empiezan a ganar protagonismo. Encontrarás mujeres mayores paseando por algunos puentes y ofreciendo velas o farolillos para que los enciendas y los deposites en el río. También puedes disfrutar de este momento desde una barquita. Este paseo son unos 100.000VND por persona, aproximadamente, dependiendo de la barca que cojas; y si vas solo o acompañado.

Atardecer en el río Thu Bon

Las puertas del templo Ba Mu. Lo primero que vi cuando entré en Hoi An. Me quedé impresionada de encontrarme eso ahí, de golpe. Casi pasas por delante sin verlo. Hubiera sido una pena porque fue de lo que más me gustó.

Mercado Central de Hoi An. Pasea en este laberinto para ver cómo hacen los farolillos, los zapatos, cómo arreglan la ropa… artesanía pura.

Curso de cocina. Cogí una actividad para hacer un curso de cocina, visitar el mercado local, subirme a una barca de pescadores de Hoi An, intentar coger cangrejos (ningún éxito) –foto con mi careto cuando los cangrejos ni se acercan-. En el menú: rollitos vietnamitas frescos, ensalada de papaya, cerdo caramelizado, banh xeo (crêpe vietnamita). Muy (muy) recomendable. El restaurante era precioso, nos divertimos mucho con los locales, pudimos probar la esencia de Vietnam.

NOTA: las barcas de pescadores de Hoi An son muy características. Son botes redondos hechos de bambú.

Santuario de My Son. Es una excursión que requiere salir de Hoi An y dedicarle tiempo. A mí me encantó. Me impresionó la historia del santuario y la historia del guía. De la primera, decir que es un complejo que alberga ruinas hindúes. Fue construido entre los siglos IV y XIV por los reyes de Champa (un antiguo estado hinduista que desapareció en  1832). Abandonado cuando llegaron los chinos, fue descubierto por los franceses cuando colonizaron Vietnam. Más antiguo que el famoso templo camboyano de Angkor Wat, fue destruido en parte por las bombas americanas. Puedes ver cráteres de los B-52 en zonas donde antes había templos levantados. Fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Respecto al guía, un tipo muy atento y divertido que recordaba con nostalgia a su padre, perteneciente al Viet Cong, quien tuvo que luchar con los americanos en esta zona del santuario, huir para salvarse, atravesar el río y llegar a los túneles de Cu Chi donde vivió cuatro años… una historia épica con final feliz. Su padre, al finalizar la guerra, se casó con una mujer y un año más tarde, en 1976, nació este guía (según su tarjeta de visita: Mr Funny Dzung –épico-). La mejor historia de todas las que escuché en mi viaje.

Incluía comida y paseo en barco.

Qué comí (qué no…)

Cau Lau. Plato regional hecho de fideos, cerdo y verdura- Se rumorea que su sabor se debe al agua en un antiguo pozo Cham secreto a las afueras de la ciudad. En Miss Ly.

Cau Lau en Miss Ly

Rosas blancas. Unas pastas en forma de flores (a mí esto me costó verlo, pero bueno) hechas con harina de arroz, rellenas de gambas y con cebolla crujiente por encima. Es una especialidad de Hoi An que solo encuentras aquí. También en Miss Ly. Mi plato favorito de esta ciudad.

Rosas blancas en Miss Ly

Té de hierbas heladas (nuoc Mot). Es una combinación de infusiones de limón, limoncillo, jengibre, miel y hierbas. También típico de Hoi An. En Mot Hoi An. Un vicio…

Té de hierbas heladas (nuoc Mot) en Mot Hoi An

Crêpe callejero de plátano. Es más tailandés que vietnamita pero  es lo único dulce que encontraba por la calle que pudiera comer. Muchos dulces llevan cacahuete, así que me salté mi norma de comer solo comida local y típica porque me subía por las paredes.

Crêpe de plátano

Hoanh Thanh Chien. Es wonton frito. Viene de China pero se ha adaptado a ingredientes vietnamitas, usándose harina de arroz y acompañándolo de pimientos, piña, cerdo, zanahoria y especias. En Orivy. Bufff, hubiera repetido de este plato varias veces.

Hoanh Thanh Chien en Orivy

Té verde vietnamita (Camellia Sinensis Tea). En Orivy.

Té verde vietnamita (Camellia Sinensis Tea). En Orivy

Banh It La Gai. Una especia de dumplings hechos de arroz pegajoso, judía verde, azúcar, envueltos en hoja de banana y de forma cónica. Se ofrecen en el festival del año nuevo, funerales, bodas… En Orivy. Me gustaron mucho.

Banh It La Gai en Orivy

Banh Su Sue. Como lo anteriores pero con otros ingredientes. Arroz, coco, judía verde, azúcar… Hoy en día se sirve en bodas. Demasiado coco para mi gusto. En Orivy. Sí, en este restaurante me puse fina, lo sé.

Banh Su Sue en Orivy

Para antojos dulceros (que os darán si coméis mucho arroz)… tarta de zanahoria en The Hill Station. No memorable, pero sí buena.

Tarta de zanahoria en The Hill Station

Egg Coffee (café con huevo). El sitio propio de tomarlo es Hánoi, donde nació, pero vi un sitio que me gustó y me dejé llevar por la recomendación del hombre. Como curiosidad decir que te lo sirven con un té. Como error de novata también diré, que no te tomes lo dulce antes (yema y huevo) –capa de arriba, tipo capuchino-, sino, todo junto. Si no, el café se queda abajo y es un poco fuerte (y se le va la gracia). Si eres de los de café amargo, solo, sin azúcar ni nada, abstente de tomarlo. Acabas con tropezones de azúcar en la sangre después de tomarlo. Este es de Passion Fruit Coffee.

Egg Coffee en Pasion Fruit Coffee

Especialmente recomendable

Visitar la tienda Hoa Nhap. No puede ser más bonito lo que hacen ahí. Juegos de café, joyas, telas… Pasé por ahí todos los días, hasta que pequé. Soy muy muy débil, ya lo he dicho.

 

A quien pueda interesar… en Hoi An me alojé en The Dream City Hotel. Perfecto, no tengo nada malo que decir. Fueron tremendamente amables, la habitación era perfecta, limpieza de diez, bienvenida con comida y té, hablan inglés, facilidades de transporte, ubicación impecable y desayuno muy rico. Fue, sin duda, uno de mis dos hoteles favoritos en este viaje.

Fuentes: Callejeando por el Planeta, Los Viajes de Domi, El Caldero Viajero, Directo al Paladar, Viaje a Tailandia, Los Traveleros, Mochileros en Tailandia, One More Destination,

 

NOTA: recuerdo que ninguna mención de compañías, hoteles, actividades o productos está pagada. No gano nada con ello. Solo trato de facilitar al máximo la organización del viaje a Vietnam de cualquiera que me lea.

 

Nos vemos en Hué…

Bote de pescadores - curso de cocina

Un pensamiento en “Donde el tiempo se detiene: Hoi An (vía Da Nang)

  1. Pingback: Hué, un pedacito de historia… y un puente de colores – saboresdeunavida

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